Navegando las Olas del Desarrollo, etapa 24: buscando respuestas
No necesitamos escapar, las soluciones a las dificultades están dentro nuestro, solo tenemos que detenernos, respirar más lento, recordar momentos agradables y de a poco las ideas nuevas llegan.

El recorrido por la orilla del rio fue un momento sorprendente, cada paso fue un regalo de la naturaleza.
En la caminata encontré un grupo de turistas que me impactó, me acerqué a saludarlos, no sé muy claramente que me cautivó de aquellas personas, pero algo me invitó a unirme a compartir la jornada. Al día siguiente, me resultó interesante la idea de seguir aprendiendo junto a ellos.
Con los primeros rayos de sol me preparé y partí expectante a concretar la experiencia. El calor de verano se hacía sentir, gracias al rio nos refrescábamos constantemente. al poco andar junto a la orilla, vimos a un anciano de piel curtida y una mirada profunda como el mismo río, su presencia tenía algo hipnótico, como si el tiempo se moviera más lento a su alrededor.
—Este río tiene más historia de la que pueden imaginar —dijo sin apartar la vista del agua—. Hay quienes dicen que, en noches tranquilas, cuando la luna se refleja como un espejo en la corriente, el espíritu del río se manifiesta. Pero solo aquellos con un propósito claro pueden verlo.
Los viajeros se miraron entre sí, intrigados. Uno de ellos, preguntó:
—¿Cómo es eso que solo algunos pueden verlo?
El anciano lo miró con serenidad y arrojó una pequeña piedra al agua. Al tocar la superficie, las ondas parecieron moverse, como si algo debajo las guiara.
—Tal vez esta noche el río les tenga algo que mostrar.
La brisa cambió de dirección, trayendo un leve susurro con ella. ¿Era solo el viento o alguien —o algo— los estaba llamando desde el agua?
El grupo quedó en silencio, el anciano sonrió y se sentó sobre una roca plana, con la paciencia de quien ha contado la misma historia muchas veces.
—Dicen que hace mucho tiempo, cuando este río era sagrado para los primeros habitantes de la zona, había un joven llamado Juani, era un soñador, siempre preguntándose qué había más allá de las montañas, más allá del agua y cada vez que intentaba marcharse, el río lo llamaba. - - "Tu destino no está lejos, sino aquí, debes buscarlo"
Uno de los viajeros frunció el ceño y dijo —¿Y qué pasó con él?
El anciano miró al río con respeto antes de continuar.
—Una noche de luna llena, igual que la que tendremos hoy, Juani se acercó a la orilla soñando con su futuro en otro lugar, pensando siempre que su futuro mejor era lejos. Entonces, el agua empezó a brillar con un resplandor plateado, y en medio del reflejo de la luna y escuchó una voz dentro de su mente: - "No necesitas irte para encontrar lo que buscas".
El anciano hizo una pausa, dejando que el silencio hablara por sí mismo.
—Juani entendió, en ese instante, que su destino no era huir en busca de respuestas a una zona lejana, sino abrir los ojos a lo que tenía frente a él. Desde ese día, dejó de querer escapar y se convirtió en el protector de este río, guiando a quienes llegaban hasta aquí con dudas en su corazón.
—Tal vez esta noche —susurró el anciano— el espíritu del río tenga algo que mostrarles a ustedes.
Decidimos volver durante la noche a contemplar la luna llena y respirar la brisa fresca.
Uno de los caminantes, que había llegado a ese lugar buscando una respuesta, tomándose un tiempo para reflexionar, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Miró el reflejo del agua y, por un instante, creyó ver un destello plateado moviéndose bajo la superficie.
El viento volvió a soplar suavemente. Y entonces, algo en la corriente pareció cambiar…
El grupo guardó silencio. Cada uno observó el agua, esperando algo, sin saber exactamente qué. La noche se había vuelto extrañamente quieta, como si el mundo contuviera la respiración.
Una de las chicas llamada Rosita, llevaba días inquieta, vino a este viaje buscando algo, su trabajo ya no le agradaba, sus relaciones se sentían vacías, y últimamente sentía que su vida iba sin rumbo. Cuando miró el río, algo cambió. El reflejo de la luna pareció hablarle y, por un instante, vio su propio rostro… pero no el de ese día, se vio a sí misma de niña, sentada junto a un arroyo parecido a este, riendo mientras lanzaba piedras al agua, sintió el aire fresco en su piel y recordó la sensación de libertad y alegría. Oyó el murmullo del agua - "No necesitas escapar para encontrar lo que buscas."
La frase resonó dentro de ella. No se trataba de cambiar de trabajo o de pareja. No se trataba de huir. Lo que había perdido no estaba en otro lugar, sino dentro de ella misma.
Cuando parpadeó, la imagen había desaparecido. Solo quedaba el río, tranquilo, eterno.
A veces, el río o la noche o el agua, no nos dan las respuestas, solo nos recuerdan lo que ya sabíamos.
Rosita sintió un nudo en la garganta. Por primera vez en mucho tiempo, su corazón se sintió aliviado.
En este viaje, cada instante cuenta, cada palabra es valiosa y cada destino alcanzado es solo el inicio de un nuevo trayecto.
El momento fue muy revelador, todos nos dimos cuenta que no necesitamos escapar, las soluciones a las dificultades están dentro nuestro, solo tenemos que detenernos, respirar más lento, recordar momentos agradables y de a poco las ideas nuevas llegan, las soluciones aparecen, las dudas se disipan, la mente se calma, el cuerpo acompaña.
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@alis.maci
Alicia Macías.
Senior Coach Ontológico Profesional. Aacop nro. 7231
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