Copacabana amaneció con otro color: azul y amarillo. Entre los postos 4 y 5, frente al Quiosque Buenos Aires, más de mil hinchas de Boca armaron un banderazo que convirtió la playa en una sucursal xeneize por unas horas.
La movida fue la previa de la semifinal de vuelta de la Copa Sudamericana ante Vasco da Gama. Hubo cumbia a todo volumen, bombos, banderas, cerveza, caipirinhas y los cantitos de siempre, de esos que hacen ruido aunque uno esté a metros del mar.
La fiesta fue creciendo con el correr de las horas. Los hinchas saltaron, agitaron camisetas y se fueron sumando en una postal que mezcló tribuna y arena, con el mar de fondo y el clima bien bostero.
Entre turistas y vecinos de Río de Janeiro, la escena no pasó desapercibida. Muchos se acercaron por curiosidad y algunos hasta se prendieron al festejo, porque cuando Boca arma quilombo, se nota hasta en la costa carioca.
La imagen también trajo memoria fresca: tres años después de aquella movilización a Río de Janeiro para la final de la Copa Libertadores de 2023, la hinchada volvió a copar Copacabana. Lejos de la Bombonera, pero con la misma pasión, la pregunta queda picando: ¿alcanza con la playa o también hay que ganar adentro de la cancha?

