Este martes, Boca se juega una parada brava en Río de Janeiro. Desde las 21.30, visita a Vasco da Gama en el Maracaná, con la obligación de levantar el 0-1 de la ida. Si no hay remontada, se le termina el sueño de llegar a la final de la Copa Sudamericana.
La cuenta es bien clarita: si gana por un gol, la historia se estira a los penales. Si mete dos o más, clasifica directo y se ahorra el sufrimiento extra. Después del golpe en La Bombonera, el Xeneize quedó obligado a hacer un partido de esos que se recuerdan, de los que te dejan sin uñas.
El antecedente más fresco tampoco ayuda mucho. Boca no gana en Brasil desde el 2 de diciembre de 2020, cuando venció a Internacional en Porto Alegre. Desde entonces suma 11 partidos sin triunfos allí, aunque en esta misma copa ya sacó pecho en el Morumbí contra San Pablo.
En la previa, una de las dudas pasa por Leandro Paredes, que viene de un desgarro de grado II en el isquiotibial derecho. También aparece la chance de Alan Velasco, ya recuperado, y de Miguel Merentiel como posible titular. El técnico todavía mueve piezas y guarda el mazo para el momento justo.
Del otro lado, Vasco da Gama llega con su propia mochila: perdió 1-0 ante San Pablo por el Brasileirao y cortó una racha de siete partidos sin caídas. En el Maracaná habrá unos 70.000 hinchas locales y 4.000 de Boca, así que el clima promete estar picante. ¿Noche de épica o de sufrimiento prolongado?

