Cada 28 de septiembre, el mundo riverplatense tiene su propia fiesta. La fecha se eligió para homenajear a Ángel Amadeo Labruna, uno de los nombres más pesados de la historia del club.
Todo arrancó en 2003, cuando Fernando Guarini, presidente de la Subcomisión del Hincha, le propuso a la dirigencia de José María Aguilar fijar un día para celebrar a los seguidores de la Banda. La idea quedó aprobada el 18 de septiembre, diez días antes del aniversario del nacimiento de Labruna.
Desde entonces, la fecha quedó pegada a la identidad del club. Es el guiño perfecto para rendirle honor al ídolo y, de paso, juntar a la gente que banca al Millonario en las buenas y en las malas, como manda el cantito.
Labruna nació en 1916 y debutó en la Primera de River en 1939, de la mano de Renato Cesarini. Después empezó a llenar vitrinas con títulos y a ganarse un lugar imposible de discutir en Núñez.
Como jugador, ganó 16 títulos y convirtió 317 goles, una marca que todavía lo deja como el segundo máximo artillero del fútbol argentino. También fue el que más tantos metió en los Superclásicos, así que el apellido no quedó picando por casualidad, ¿no?
Más tarde volvió como técnico y tuvo varias etapas en el banco. La más fuerte fue la última, entre 1975 y 1981, cuando cortó una sequía de 18 años y sumó más vueltas olímpicas para River.
Falleció el 20 de septiembre de 1983, pero su nombre sigue sonando cada vez que River se pone la banda. Y claro, si el festejo tiene tanta historia detrás, ¿quién se lo iba a perder?

