Ramiro Peralta tiene 19 años y todavía está cayendo de lo que hizo el domingo. Entró desde el banco, la cancha venía torcida y, en una sola jugada, sacó un taco que dejó a todos mirando el celular dos veces.
El pibe juega en Juventud Zondina, también hace futsal en Alianza y vive en Pocito. Para entrenar en Zonda se toma dos colectivos todos los días, una rutina que no afloja ni cuando el cuerpo pide cama y mate.
La obra de arte se volvió viral en un abrir y cerrar de ojos. Primero la levantaron las redes, después la compartieron Olé y ESPN, y ahí empezó la pregunta que hace ruido: ¿puede meterse en la conversación del Premio Puskás de la FIFA?
La respuesta no depende de San Juan ni de la euforia de internet. La FIFA es la que define criterios y nominaciones, pero el gol de Ramiro tiene todo lo que pide una joyita: dificultad, belleza y una resolución que parece hecha con regla y compás.
Detrás del taco hay una historia de laburo y paciencia. Es el menor de ocho hermanos, hijo de Héctor y Rosana Agüero, y viene remando desde abajo, entre inferiores, viajes largos y chances que tardaron en aparecer. Ahora el video sigue dando vueltas y él sigue haciendo lo mismo de siempre: subirse al colectivo, ir a entrenar y esperar que la pelota le vuelva a caer así de bien, ¿no?

