El miércoles, después de que Albardón-Angaco dejara afuera a Tupungato, Ricardo Molina se abrazó con su hijo Martín y se le notó todo. No era un festejo más: era la foto de un camino largo, con horas de entrenamiento, viajes y mucha familia metiendo el hombro.
Molina tiene 52 años y va por su segundo año seguido al mando de la selección de Albardón-Angaco en la Copa País. Junto a Darío Montaña, otra vez armó un equipo que se las ingenió para competir con jugadores amateurs que trabajan y después salen corriendo a ponerse otra camiseta.
La cosa no es menor: el equipo ya está entre los cuatro mejores del país. El año pasado había llegado a la final de Cuyo y cayó ante General Alvear, así que esta campaña volvió a poner a la selección en un lugar que no se consigue por arte de magia.
Antes de vivir desde el banco, Molina la peleó adentro de la cancha. Jugó en Sportivo Desamparados y también pasó por Sport Argentino, se retiró a los 27 años y en 2000 se fue a España, donde vivió 15 años en Almería. Allá se recibió de técnico y arrancó como entrenador en inferiores del club Almería.
En 2015 volvió a San Juan y siguió en la misma: dirigió a Sport Argentino en Primera y durante siete años trabajó en las inferiores de Sportivo Desamparados. Hoy también conduce al equipo de Abogados en la Liga de Profesionales, porque el fútbol no le da para vivir, pero tampoco lo suelta. Y, la verdad, ya quedó claro que no piensa largarlo así nomás.
La selección entrena lunes y miércoles, acomodándose a la agenda de jugadores que también responden en sus clubes. Ahora espera rival en semifinales: San Luis no presentó equipos y del otro lado, Catamarca y Jujuy empataron 0-0 en la ida, así que de ahí saldrá el próximo cruce. ¿Hasta dónde llegará este grupo que ya viene haciendo ruido?

