Por Sergio Andrada:
Hay personas que atraviesan el deporte dejando estadísticas, títulos y fotografías. Y hay otras que, además de todo eso, dejan recuerdos.
Roberto Narciso Mallea, “Roquiño” para todos, pertenece a ese segundo grupo.
Su historia está profundamente ligada a Alianza. Allí fue jugador, capitán, ayudante de campo de Salvador Spadano, dirigente, presidente y representante ante la Liga Sanjuanina de Fútbol. También fue campeón como futbolista y como dirigente. Asi lo recuerda el historiador deportivo sanjuanino Rubén Poblete. Pero reducir su trayectoria a esos cargos sería quedarse solamente con una parte de la historia.

Porque Mallea fue, ante todo, un protagonista de una de las épocas más importantes de los “Lechuzos”.
En la década del 80 integró aquel poderoso Alianza que conquistó los campeonatos de 1982, 1984, 1985, 1986, 1987 y 1988. Disputó los recordados Torneos Regionales y fue parte del plantel que protagonizó aquella enorme movilización para enfrentar a Gimnasia en Mendoza. También estuvo en el Nacional de 1985, una de las páginas más importantes de la historia del fútbol sanjuanino.
La primera imagen de aquella época resulta casi simbólica: “Roquiño” junto a Aldo Rodríguez, dos notables marcadores de punta de un Alianza que dominó buena parte del fútbol local.
Pero su recorrido no terminó allí.

Mallea debutó en Primera División en 1976, ante Sportivo Desamparados, en el Barrio Patricia Sanjuaninas, bajo la conducción de Ernesto Picot. También defendió la camiseta de San Martín en el Regional de 1980, integró la Selección de San Juan y tuvo la posibilidad de jugar en Instituto de Córdoba durante el campeonato de Primera División de AFA de 1981, dirigido por Alfio “Coco” Basile.
Años más tarde volvería a encontrarse con Basile en el Nacional de 1985, cuando Alianza enfrentó a Vélez.
También tuvo una experiencia que pocos futbolistas sanjuaninos pueden contar: fue convocado por Federico Sacchi a la Selección Argentina que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Finalmente, Argentina no participó de aquella competencia debido al boicot.
Detrás de cada una de esas historias había un hombre que disfrutaba recordarlas, pero que nunca necesitó colocarse por encima de nadie.

Quienes más conocieron y rescatan la trayectoria de Mallea, numerosas anécdotas compartidas con él. Desde aquellas historias de vestuario hasta los partidos que quedaron grabados para siempre en su memoria.
Como aquel encuentro ante San Martín de Tucumán en el Nacional de 1985, cuando junto a Rubén Ceballos tuvo la difícil misión de marcar al “Coya” Gutiérrez.
O la anécdota de Gualberto “Huevo” Muggione, quien en 1984, cuando Mallea estaba a préstamo en Maipú de Mendoza, pidió a los dirigentes que dejaran sin efecto la cesión porque lo consideraba una pieza fundamental para aquel equipo.
Historias de fútbol. Historias de una época.
Pero hay una que quizás hoy tenga un significado diferente.

Hoy el historiador Rubén Poblete recuerda una anécdota de hace apenas dos semanas, "Compartimos un último momento juntos. Caminamos por plaza Aberastain, mientras conversabamos, como tantas otras veces, de fútbol. “Roquiño” acababa de salir de sus tareas en Fiscalía. El era así de simple"
No sabían que aquella charla sería la última.
Después llegó el silencio que deja una despedida.
Mallea fue presidente de Alianza entre 2012 y 2022. Durante una década volvió a ponerse al frente de la institución que había defendido dentro de la cancha y que había marcado buena parte de su vida.
Pero para quienes alguna vez tuvimos que entrevistarlo, había algo que sobresalía incluso por encima de los títulos y los cargos.

Nunca importaba demasiado qué función ocupaba.
Podía ser el histórico jugador de Alianza, el capitán, el presidente, el dirigente o simplemente Roberto. Ante un periodista siempre aparecía la misma persona: amable, respetuosa, empática y humilde. De esos dirigentes que entendían que responder una pregunta, escuchar una inquietud o atender una llamada también era parte de ser un hombre del deporte.
Y eso, en tiempos donde muchas veces los cargos terminan alejando a las personas, tiene un valor enorme.
“Roquiño” Mallea fue un emblema de Alianza, sí.
Fue campeón, capitán, dirigente y presidente. Jugó Regionales, un Nacional, vistió las camisetas de San Martín, Instituto y la Selección de San Juan, y formó parte de una generación inolvidable del fútbol sanjuanino.
Pero quienes lo conocieron seguramente elegirán recordarlo de otra manera.
Como ese hombre sencillo que siempre tenía tiempo para hablar de fútbol.
Como ese dirigente que jamás necesitó levantar la voz para hacerse respetar.
Como ese señor que, sin importar el lugar que ocupaba, nunca dejó de tratar a los demás con respeto.
El fútbol sanjuanino perdió a uno de sus grandes protagonistas.
Alianza perdió a uno de sus máximos referentes.
Y quienes tuvieron la suerte de cruzarse con Roberto “Roquiño” Mallea perdieron a un verdadero señor.
Hasta siempre, Roquiño.
Y gracias por todo.

