Enseñar, un acto de amor: la realidad de ser docente en una escuela rural sanjuanina

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“La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor”, decía Paulo Freire. Y son muchos los y las docentes que lo demuestran a diario, dentro y fuera de las aulas. Sobre todo, quienes dedican su vida a enseñar a estudiantes que asisten a una escuela rural. Una tarea sacrificada pero hermosa.

Marisa Loyola es la directora de la Escuela Albergue Teniente Coronel Álvarez Condarco, ubicada en la localidad calingastina de Villa Nueva, en el límite con Iglesia. La institución es el bastión de la educación y contención social para los niños de esa localidad y de otros pueblos del departamento. Hoy, en el Día del Maestro, Del Sur Diario tuvo la oportunidad de conocer sus experiencias profesionales y personales como educadora en un contexto rural.

Hace 15 años, Marisa eligió la docencia como su filosofía de vida. “Un día, llegó la oportunidad de un nuevo cargo y me dieron a elegir entre una escuela de Iglesia y otra de Calingasta. Opté por la segunda, sin saber que se trataba de una escuela hogar, algo totalmente desconocido para mí. Pero, hasta el día de hoy, siento que fui una iluminada al elegirla”, cuenta. Primero como maestra, actualmente como directora, ya lleva 8 años desempeñando labores en esta institución.

Desde el momento en el que llegó, la Escuela Albergue Teniente Coronel Álvarez Condarco se convirtió en su hogar. “Recuerdo que, cuando llegué, existía la posibilidad de alquilar un lugarcito en alguna de las casas de las familias de los alumnos, pero decidí vivir en la escuela. Y, hasta el día de hoy, es mi segunda casa”.

El establecimiento está ubicado a 40 kilómetros de Villa Calingasta, en un pueblo donde las 50 familias que lo habitan ni siquiera cuentan con un centro de salud adecuado a las necesidades sanitarias de la zona. Por eso, para los maestros y maestras, todos los días es un desafío.

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La escuela es de jornada completa desde 2017, en horario de 8:30 a 17:30 horas.

“Actualmente, son 40 los estudiantes que tienen jornada completa y 14 de ellos están albergados. Los chicos que asisten son de familias humildes de Barreal, La Isla y de la Villa de Calingasta. Entonces, más allá de los contenidos pedagógicos que brindamos, lo principal es la contención. Porque la realidad del lugar es muy dura, y nosotros asumimos el compromiso de velar por el bienestar de los chicos”, sostiene Marisa.

Muchas veces me toca hacer de psicóloga, de madre, de abuela de los niños. Todos los roles que uno pueda imaginarse. Por eso digo que una docente rural tiene que ser mucho más que eso”, afirma. Y, pese a todo eso, la satisfacción de educar es inmensa. “Yo me saco el sombrero con mis docentes porque, después de estar 8 horas frente al grado, el trabajo continúa. Acompañan a los chicos a sus casas o los visitan cada vez que hay que llevar algún comunicado, porque no tenemos internet. Nos olvidamos del tiempo, del sacrificio y nos dedicamos a ellos”.

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Parte del equipo docente de la Escuela Albergue Teniente Coronel Álvarez Condarco de Villa Nueva, Calingasta.

La Escuela Albergue Teniente Coronel Álvarez Condarco sólo cuenta con nivel básico de enseñanza. Asisten chicos de 5 a 18 años de edad que, además de las materias básicas, cursan otras especialidades: inglés, teatro, educación física, agropecuaria, computación.

Como docente de escuela de frontera, Marisa está comprometida a educar a sus estudiantes y, al mismo tiempo, inculcar en ellos valores importantes para sus vidas. “Muchos de ellos terminan el ciclo básico y no tienen la posibilidad de continuar con sus estudios por las distancias o la falta de recursos económicos. Entonces, como maestros, tratamos de darles lo mejor para que sean personas de bien. Yo siempre les digo que Sarmiento fue un niño muy humilde que llegó a ser presidente, pero también cumplió muchos otros roles en su vida. Entonces, nada es imposible si uno se lo propone y lucha por ello”.

Cada vez que un chico culmina su trayectoria educativa, la Álvarez Condarco se viste de fiesta. “Para nosotros es un orgullo ver cómo el esfuerzo da sus frutos. El año pasado, uno de los alumnos que salió de nuestra escuela, fue abanderado en una escuela técnica. Por su puesto que todo el mérito es suyo, pero también es una prueba de que la enseñanza de la escuela rural y, en nuestro caso, también albergue, con todas las dificultades que tiene, no es mala”, afirma Marisa.

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Popularmente la llaman “la escuela a las puertas del cielo”. Está ubicada a 3500 mts de altura y fue creada en 1917.

¿Qué significa ser docente de escuelas rurales?

Marisa dice: “Ser docente rural es una experiencia que te cambia la vida. Es mucho esfuerzo y dedicación que se vive día a día, pero es una tarea impagable. Tengo una familia, con hijos y nietos a los que todas las semanas dejo y extraño. Pero es un sacrificio que hago para encontrarme con mis niños, mi otra familia, y ellos hacen que valga la pena”.

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