El laburo por apps ya no es una rareza: en Argentina se estima que hay 350.000 repartidores de alimentos. Y la cosa viene con una regla bien clara, aunque no figure en ningún cartel: manda el algoritmo.
Las plataformas desembarcaron en 2018 y prometieron flexibilidad, pero el reparto de ganancias quedó bastante torcido. Para arrancar, según el testimonio recogido por BAE Negocios, hacen falta un teléfono, un vehículo y unos $50.000 para la mochila. Un combo que no sale precisamente de arriba del árbol.
Belén D'Ambrosio, secretaria adjunta de SiTraRepa, dijo que el sector crece con perfiles cada vez más variados. Hay mujeres, pibes de 18 años, trabajadores que perdieron el empleo formal y jubilados de 50 o 60 años que salen a repartir porque la plata no alcanza.
La cuenta, encima, cambia según el día y la zona. Desde el sindicato explicaron que los fines de semana pueden pagar en promedio $3.100 por pedido, entre semana baja a $2.000 y en algunos lugares llega a $1.200; en Mendoza, por ejemplo, mencionaron viajes de $900. Una lotería con casco y mochila.
Pero el bardo no termina ahí. Cuando el pedido se paga en efectivo, muchas veces el repartidor adelanta la plata de su bolsillo y después cruza los dedos para que no se caiga la entrega. A eso se suma el endeudamiento con billeteras virtuales o fintech, con préstamos que pueden llegar a $1.600.000 y tasas del 260%, o motos financiadas con cuotas de $70.000 durante 52 semanas. ¿Quién dijo que pedalear era sencillo?

