Argentina va camino a cerrar 2026 con un superávit comercial de más de u$s20.000 millones. El número suena lindo para la foto, pero no alcanza para que la economía arranque con la misma fuerza.
La explicación mezcla precios internacionales favorables, más exportaciones y el empuje de Vaca Muerta. A eso se suma una actividad floja en sectores que compran mucho afuera, así que el combo viene con premio y con letra chica.
Los datos oficiales del INDEC muestran que, desde que Javier Milei es presidente, los términos de intercambio vienen mejor que en los gobiernos de Alberto Fernández y de Cristina Fernández. En agosto, además, el frente externo sumó una mejora interanual del 4,5% en ese indicador.
En plata contante y sonante, la consultora LCG calculó una ganancia de unos u$s350 millones en el mes. En lo que va del año, esa mejora ya acumula u$s1.840 millones, o sea, un 10% del saldo comercial total.
El problema es que el viento de cola no pega igual en todos lados. Mientras el comercio exterior hace caja, la actividad, el empleo y los salarios siguen peleándola, y ahí está el nudo: ¿cómo puede entrar tanta divisa y, sin embargo, el alivio no bajar al barrio?

