El gobierno de Javier Milei puso sobre la mesa una jugada para reactivar el crédito hipotecario: usar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, el famoso FGS de la Anses. Luis Caputo anunció que buscará colocar hasta 2 billones de pesos en plazos fijos de bancos privados, con la condición de que esa plata termine en préstamos para vivienda.
La idea suena linda en el papel, pero en los bancos ya levantaron la ceja. El problema de fondo es conocido: las entidades reciben depósitos de corto plazo y después tienen que prestar a 15, 20 o 30 años para una casa, un descalce que no se arregla con un chasquido.
El plan prevé licitaciones de hasta $200.000 millones y depósitos en pesos ajustados por UVA, más una tasa extra. Habrá dos tramos: uno a un año, con piso de UVA más 2,5%, y otro a cinco años, con un mínimo de UVA más 4,5%.
Las entidades tendrán 90 días para volcar esos fondos a créditos hipotecarios. Los préstamos deberán ser por al menos 15 años, no podrán superar las 150.000 UVA y tendrán una tasa máxima de UVA más 7,5%. Ese dinero podrá usarse para comprar, construir, ampliar o refaccionar la primera vivienda.
Pero ahí aparece el bache: el fondeo más largo dura cinco años, mientras que una hipoteca puede estirarse hasta tres décadas. O sea, el puente existe, pero no llega a la otra orilla del todo; los bancos igual tendrán que renovar esos recursos varias veces. ¿Alcanzará para destrabar el crédito o quedará picando otra vez?

