En la vida cotidiana de muchas familias argentinas, la deuda ya no es un tema lejano: se metió de lleno en el bolsillo y en la mesa de todos los días. El analista económico y contador Pablo Padín advirtió que el crecimiento de las deudas, sumado a las tasas de interés altísimas, dejó a una parte importante de los hogares en una situación cada vez más difícil de sostener.
Según explicó, el problema pega fuerte en trabajadores autónomos y en sectores ligados al turismo, que suelen tener más complicaciones para acceder al crédito formal y terminan buscando otras opciones para cubrir gastos básicos.
Padín remarcó que entre lo que cobran los bancos y lo que aplican algunas plataformas o billeteras virtuales puede haber diferencias enormes, sobre todo para quienes quedan catalogados como clientes de alto riesgo.
Uno de los datos que más preocupan es el nivel que pueden alcanzar algunos créditos: el especialista mencionó casos con tasas de hasta el 1.200% anual. Para dimensionarlo, explicó que una deuda inicial de $100 puede multiplicarse varias veces en apenas un año bajo ciertas condiciones de financiamiento.
En ese contexto, consideró que el Estado podría intervenir para regular o limitar tasas que calificó como exorbitantes, más allá de que no se trate de pagar las deudas de los particulares.
Padín también señaló que muchas familias se endeudaron no para hacer compras grandes, sino para llegar a fin de mes y cubrir gastos de la canasta familiar. Además, dijo que una parte importante de esas obligaciones corresponde a montos menores al millón de pesos, aunque el problema se agrava por el peso de los intereses.
Según su análisis, en los últimos 18 meses el endeudamiento de las familias se multiplicó por tres. Vinculó parte de ese proceso con el período previo a las elecciones del año pasado, cuando subió la tensión financiera y también las tasas de interés.
El panorama es todavía más delicado porque, de acuerdo con lo que expuso, aproximadamente una cuarta parte de las familias estaría en una situación crítica para volver a pedir crédito. Muchas ya figuran en categorías de riesgo dentro del sistema financiero y cada vez tienen menos chances de conseguir financiamiento formal.
Padín también puso el foco en otro dato pesado para cualquier hogar: entre deudas, servicios públicos y alquileres, alrededor del 50% de los ingresos familiares puede quedar comprometido. Eso deja mucho menos margen para consumir, ahorrar o simplemente respirar un poco a fin de mes.
Para el economista, ese es uno de los factores que explican por qué el consumo sigue débil. Con salarios que no acompañan el ritmo de las obligaciones financieras y con intereses que no aflojan, las familias quedan cada vez más apretadas. Y, como resumió él mismo, la carga de la deuda ya se volvió muy difícil de llevar.

