José Ignacio de Mendiguren salió a marcar la cancha con una idea bien clara: la inversión, sí, pero dentro de un plan de desarrollo que no deje a nadie mirando desde el costado. Dijo que, mientras eso no aparezca en la conversación pública, el debate económico queda rengo.
El ex ministro de Desarrollo Productivo criticó que nadie esté hablando de eso, y metió en la bolsa tanto al oficialismo como a la oposición. En su mirada, el país discute nombres y peleas, pero no el rumbo grande, ese que define qué se produce, quién invierte y para qué.
También defendió la gestión de Alberto Fernández con una lista larga de problemas encima: pandemia, guerra entre Rusia y Ucrania y sequía sobre el final del mandato. Según contó, pese a ese combo, hubo inversiones y la economía creció en tres de los cuatro años de gobierno.
En diálogo con BAE Negocios, remarcó que durante esa etapa se sostuvo el nivel de actividad y el empleo, incluso con un Banco Central sin reservas y una deuda que, según dijo, ya venía pesada. “Dato mata relato”, lanzó, como para que nadie se haga el distraído.
De cara al 2027, insistió en que el mundo va por otro camino: más políticas industriales, más intervención y más estrategia. Y cerró con una pregunta que quedó picando: si hay gas, pero no hay caño, ¿de qué sirve festejar el superávit?

