El FMI volvió a poner la lupa sobre los subsidios a la energía y los combustibles. Dijo que esa receta es cara, poco eficiente y que conviene apuntar la ayuda donde más hace falta.
La propuesta del organismo es cambiar los incentivos generales por transferencias de ingresos temporales y focalizadas. En criollo: menos repartir para todos y más asistencia directa para los hogares que realmente la necesitan.
La idea apareció en el capítulo 2 del informe de Perspectivas Económicas Mundiales, dedicado a las crisis del costo de vida. Ahí el Fondo sostuvo que ese tipo de ayudas protege mejor a los sectores vulnerables y, de paso, cuida la caja pública.
Según sus números, sostener precios con medidas generalizadas puede costar entre 3 y 22 veces más recursos fiscales. Y si se subsidia a los productores, el gasto puede trepar todavía más: entre 14 y 22 veces, una cuenta que no cierra ni con calculadora nueva.
El informe también remarcó que los subsidios terminan beneficiando más a los hogares de mayores ingresos. Menos de 20 centavos de cada euro destinado a electricidad, gas natural y gasolina llega al 20% más pobre de la población. ¿Quién se lleva la mejor parte del asado, entonces?
La discusión aparece mientras en Argentina siguen las conversaciones entre el Fondo y el Gobierno por la tercera revisión del programa. Y en paralelo, las tarifas pegaron fuerte: en el AMBA, la canasta de servicios públicos subió 867% entre diciembre de 2023 y septiembre de 2026.
En ese mismo período, el nivel general de precios avanzó 254%, el gas natural superó el 1.600% y el transporte casi 1.500%. Con ese combo, un hogar promedio sin subsidios destinó en septiembre $268.405 para energía, transporte y agua potable, así que el bolsillo no está para demasiadas vueltas.

