La plata no alcanza y el crédito empezó a sentirlo con fuerza. La morosidad de las familias argentinas llegó al 12,9% en julio de 2026, según un informe de Fundación Pensar.
El dato más duro es otro: un año antes estaba en 5,6%. El estudio Pensar Argentina – Octubre 2026 marcó que se trata del máximo de la serie iniciada en enero de 2010, aunque ve algunos indicios de freno en el deterioro.
Donde más aprieta el zapato es en el consumo de todos los días. Los préstamos personales anotaron una irregularidad del 16,7% y las tarjetas de crédito, del 12,8%; bastante más abajo quedaron los prendarios, con 8,1%, y los hipotecarios, con 1,6%.
La lectura del informe es clara: para una parte de los hogares, el crédito pasó a usarse para bancar gastos corrientes cuando los ingresos vienen cortos y las cuentas no perdonan. O sea, se pide prestado para llegar a fin de mes, y ahí empieza el bardo.
La encuesta nacional de Casa Tres incluida en el trabajo también muestra la presión sobre los bolsillos. El 58% dijo que él o alguien de su casa tomó un préstamo, usó crédito o financió gastos en los últimos meses, y el 54% admitió atrasos en alguna obligación por motivos económicos. ¿Quién dijo que el mes venía livianito?

