El RIGI volvió a meter ruido en el mapa económico, y San Juan aparece otra vez en la conversación grande. La idea es simple, aunque la realidad viene con letra chica: inversiones, empleo y crecimiento no caen del cielo ni al mismo tiempo en todos lados.
La referencia que muchos miran es Neuquén, donde el desarrollo de Vaca Muerta empujó la actividad y mejoró varios indicadores. Según datos del INDEC para el primer semestre de 2026, el aglomerado Neuquén-Plottier tuvo una pobreza del 19,6% y una desocupación del 3,2%.
Del otro lado del mostrador aparece el Gran San Juan, con una pobreza del 38,2%, la más alta entre los aglomerados comparados. La desocupación también fue del 3,2%, así que el punto de partida no es el mismo ni por asomo.
En ese escenario, el informe citado por MEMO pone a San Juan entre las provincias que podrían subirse a una ola minera más fuerte. Fernando Marrul, economista de FMyA, dijo que la próxima gran expansión podría venir por la minería y que la provincia tiene chances de protagonizar ese cambio.
Pero ojo: el propio análisis marca que el impacto no sería inmediato. Sebastián Menescaldi, de Consult, advirtió que el proceso lleva tiempo y que al principio puede haber tensiones, como viviendas más caras, más presión sobre los servicios y un movimiento que no siempre se traduce enseguida en la vida del vecino. ¿La apuesta? Que el empujón termine llegando al laburo, a la construcción y hasta a las changas de alrededor, sin que la cuenta quede picando demasiado tiempo.

