El 7 de septiembre de 1996, un accidente en la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, le puso punto final a la vida de Miriam Bianchi, Gilda. Tenía 34 años y venía viajando con su banda hacia Chajarí.
El choque fue en el kilómetro 129, cuando un camión intentó una maniobra en una curva y terminó el viaje de la peor manera. En ese siniestro murieron siete personas, y entre los hierros quedó la cantante que todavía estaba buscando más masividad.
Pero ya se sabe: a veces la historia pega un volantazo raro. Con el tiempo, Gilda pasó de promesa de la movida tropical a mito popular, y hasta a esa “santa pagana” que muchos veneran con flores, cartas y pedidos.
Antes de los escenarios, había sido maestra jardinera en Villa Devoto y tenía un sueño dando vueltas hace rato. En medio de la crisis económica, un aviso clasificado en Clarín la empujó a probar suerte como voz femenina de un grupo musical.
Ahí apareció Toti Giménez, que se volvió su aliado y compañero de ruta. Entre contratos flojos, rechazo y derecho de piso, ella se fue abriendo camino en un ambiente bastante bravo, donde la cumbia era terreno de hombres y las mujeres solían quedar pintadas.
Gilda metió una propuesta distinta: sensual, sí, pero sin quedar reducida a eso. Y dejó canciones que después se hicieron himnos en canchas y en todos lados, como No me arrepiento de este amor, Fuiste, Se me ha perdido un corazón y Corazón Valiente.

