Por segunda vez en octubre, más de 158 millones de brasileños van este domingo a las urnas. La idea es simple, aunque la pelea viene picante: decidir si Flávio Bolsonaro se queda con la Presidencia de Brasil o si Luiz Inácio Lula da Silva sigue en el cargo.
La definición llega con los dos candidatos prácticamente pegados en las encuestas. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro sacó 47% contra 45%, y el voto nulo metió ruido desde el arranque.
Detrás quedaron Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiao, que en conjunto se llevaron casi un 9% de las voluntades. Ahí puede aparecer la diferencia fina: votos en blanco, nulos y hasta los que no fueron a votar pueden terminar pesando más de lo que parece.
Brasil es un gigante agrícola y también juega fuerte por sus recursos naturales, con tierras raras, agua y petróleo. En ese tablero, la campaña también mira hacia afuera: el voto religioso suma para Bolsonaro, mientras que Lula aparece como uno de los pocos mandatarios de izquierda que quedan en Sudamérica.
La pulseada, además, tiene lectura regional. Washington busca meter influencia con su iniciativa Escudo de las Américas, enfocada en el crimen organizado, y hasta en julio hubo sanciones a un juez que había condenado a Bolsonaro a 27 años por intento de golpe de Estado. En el final, la pregunta es la de siempre: ¿quién junta los votos que faltan y se queda con la llave del poder?

