Fernando Cerimedo, detenido en Bolivia desde el 18 de agosto, rompió el silencio con una carta que mandó a través de sus abogados. Ahí admitió que fue colaborador de Rodrigo Paz, pero negó haber tenido permiso para moverse en nombre del mandatario, su Gobierno o su familia.
El mensaje salió un día después de que Rodrigo Paz dijera públicamente que Cerimedo nunca tuvo autorización para representarlo. O sea, una cosa es haber estado cerca y otra muy distinta andar firmando en nombre ajeno, un bardo que en política siempre deja ruido.
“Mi rol como colaborador del presidente no me otorgó ninguna autorización ni poder para actuar”, escribió Cerimedo. Y remató con otra frase filosa: “Las mentiras y chismes no constituyen hechos”.
También rechazó haber participado en supuestos “negociados” vinculados con el presidente o la primera dama. En su carta, además, metió una lectura política del caso y separó la causa por el ataque contra Nadia Beller de las acusaciones por corrupción.
El consultor sigue detenido por ese expediente. La Fiscalía de Santa Cruz lo imputó por el ataque a tiros contra Beller, de 33 años, y lo calificó como feminicidio en grado de tentativa; además, se le abrieron otras causas en Bolivia. ¿Y ahora quién desarma semejante quilombo?

