En el Reino Unido, la Justicia cerró una investigación durísima por la muerte de Mia Shay St Hilaire, una nena de 12 años que falleció tras tomar un batido en una cafetería de Bermondsey, al sur de Londres.
El caso quedó atado a una contaminación cruzada con avellanas, un detalle que en una cocina parece mínimo, pero acá terminó en tragedia. La menor tenía alergia severa a los frutos secos.
Según la reconstrucción judicial, el dueño del Pop Inn Cafe, Baris Yucel, preparó la bebida en una licuadora que no había sido lavada después de usarla con un producto que contenía avellanas. Las cámaras de seguridad mostraron ese paso clave y dejaron poco margen para la duda.
La jueza forense adjunta Briony Ballard concluyó que los restos de la máquina contaminaron el batido y provocaron una reacción alérgica fulminante. La nena fue llevada de urgencia al Hospital Infantil Evelina, en Londres, pero no pudieron salvarla.
Por esa causa, Baris Yucel admitió seis faltas graves contra la seguridad alimentaria y recibió una multa de 18.000 libras esterlinas y 100 horas de trabajo comunitario. Después de un caso así, la licuadora quedó como la gran protagonista del bardo, ¿no?

