En 2010, una foto de Ardi Rizal recorrió el planeta y dejó a más de uno con el mate en la mano. El nene, que tenía apenas 18 meses, aparecía fumando con una naturalidad que era puro espanto.
Detrás de esa imagen había un dato todavía más duro: su propio padre le había dado el primer cigarrillo cuando era bebé. Así arrancó un problema que creció rápido y llegó a los 40 cigarrillos diarios.
El caso tomó vuelo internacional y empujó la intervención de autoridades locales y especialistas. Con acompañamiento del gobierno local y un equipo multidisciplinario, Ardi empezó una rehabilitación con asistencia de un psicólogo infantil.
Pero cuando parecía que el cigarrillo quedaba atrás, apareció otro frente complicado. Tras superar la adicción a la nicotina, comenzó con un consumo compulsivo de alimentos, y ahí también hubo que ponerle el pecho al asunto.

A los 5 años, pesaba 24 kilos y los informes médicos de esa época contaban que podía comer una barbaridad en una sola comida. Después, la escuela primaria también le puso presión, porque su contextura física lo volvió blanco de burlas e intimidaciones.
Con ayuda profesional, empezó a bajar las porciones e incorporó frutas, verduras y pescados. Más de quince años después de aquella foto que sacudió al mundo, la historia de Ardi Rizal terminó mostrando que salir de una puede llevarte a otra, y que recuperarse también es un laburo largo, ¿o no?

