En Queropalca, un pueblo andino de Perú, ganó un candidato que no pasó desapercibido ni por un segundo. Se llama Hitler Mussolini Simeón Flores y se quedó con la alcaldía en una elección bien pareja.
El dirigente de 45 años, del partido de izquierda Ahora Nación, obtuvo 229 votos, el 34,5% de las 663 papeletas válidas. Detrás quedó Gaspar Benilde Osorio Zambrano, de Renovación Popular Perú, con 204 sufragios.
La cosa llamó la atención enseguida por el nombre, que junta dos apellidos pesados de la historia del siglo XX. Pero en el pueblo la cuenta fue más terrenal: poco más de 730 habitantes y una elección que se definió por un margen corto.
El caso no es una rareza aislada en la política peruana. En ese país, los nombres históricos, geográficos o de figuras célebres aparecen con frecuencia, aunque a nivel mundial suenen a flor de papelón.
De hecho, en 2018 hubo otro antecedente con Hitler Guesclin Alba Sánchez, que ganó en Yúngar con el lema “Hitler vuelve”. Y como si faltara una vuelta más al guiso, también compitió contra Lenin Vladimir Rodríguez Valverde; ¿quién arma esos cruces?

