El Gobierno de Chile decidió sacar del Congreso su proyecto de reformas a la seguridad. La jugada le pegó fuerte a Antonio Kast, que había hecho de la mano dura una de sus banderas.
El paquete traía ocho cambios a la Constitución y metía una figura de estado de excepción por 240 días, sin pasar por el Parlamento. También habilitaba recortes a la libertad de movimiento y de reunión si había una amenaza grave para la seguridad pública.
La propuesta juntó críticas de varios sectores, incluso del oficialismo, y quedó bastante floja de respaldo. Hasta Human Rights Watch levantó la ceja por medidas como interceptar comunicaciones y requisar bienes.
Mientras tanto, una comisión del Senado avanzó con otra reforma para reemplazar la del Gobierno. El Ejecutivo terminó bancando ese texto, que fue ingresado el miércoles, y el ministro del Interior, Claudio Alvarado, lo dijo sin vueltas desde el Congreso.
El nuevo proyecto apunta al crimen organizado, busca ordenar a los presos para frenar delitos desde las cárceles y fija estados de emergencia de 30 días, con prórroga sólo si aprueba el Parlamento. En Santiago ya hubo marchas contra estas reformas, así que el tema viene picando fuerte, ¿no?

