La cosa en Nepal viene pesada: seis días después de la avalancha del 26 de agosto, ya hablan de al menos 955 muertos y 4.471 desaparecidos. Y como si faltara más drama, empezaron los entierros masivos de víctimas que todavía no pudieron identificar.
Las autoridades de emergencias nepalíes habían informado 939 fallecidos y 3.925 personas todavía buscadas. Del lado chino, los medios estatales confirmaron 16 muertes en la región autónoma de Tíbet y 546 desaparecidos, con lo que el balance total quedó en esa cifra que da julepe.
El primer ministro nepalí, Balendra Shah, dijo que el país enfrenta un desastre natural de una magnitud “inimaginable y desgarradora”. Mientras tanto, la búsqueda sigue a toda máquina, con apoyo del Ejército y equipos médicos, en una tarea que no da respiro.
Por razones sanitarias, el domingo comenzaron a enterrar cuerpos sin esperar la identificación completa. Primero toman una muestra de ADN y, en el caso de víctimas hindúes, los entierros son provisionales para que luego las familias puedan recuperar los restos y hacer la cremación, como marca la tradición.
El problema es bien terrenal: no hay lugar para guardar tantos cuerpos. El depósito de Bharatpur apenas tiene capacidad para unos veinte, así que tuvieron que usar locales con aire acondicionado de una asociación de comerciantes y hasta cavar tumbas provisionales en Devhgat. ¿Quién iba a pensar que un sitio de senderismo terminaría así, no?

