A menos de una semana del desastre ferroviario de Toledo, Barcelona volvió a quedar en el centro de la escena. Esta vez, tres vagones de carga descarrilaron y terminaron pegándole a una locomotora en una vía privada.
El hecho ocurrió este martes en un desvío ferroviario de la empresa Cargill, en Martorell. Por ahora no se sabe qué provocó el descarrilamiento, así que la investigación tendrá que poner la lupa ahí.
La buena noticia, dentro de semejante sacudón, es que no hubo víctimas fatales. El maquinista fue la única persona trasladada a un centro médico y, según los primeros informes, no tenía heridas de gravedad.
Como el accidente fue en un desvío privado, la circulación de los trenes de cercanías de Rodalies siguió normal. O sea, el susto fue grande, pero el servicio no se cortó ni un segundo.
Todo esto pasó mientras en España seguía fresca la conmoción por la tragedia de Urda, en Toledo, donde murieron 69 personas. Con ese antecedente todavía caliente, cada ruido de tren viene con olor a problema, ¿no?

