A menos de 24 horas de las elecciones legislativas en EEUU, Donald Trump admitió algo que en la Casa Blanca nadie quiere decir en voz alta: el partido del presidente suele perder en los comicios de mitad de mandato. Igual aseguró que los republicanos dejaron todo para evitar el golpe.
Lo dijo en su último gran discurso antes de la votación, frente al Monumento a Lincoln. Pero el acto tuvo su parte rara: de los primeros minutos, más de 20 fueron para hablar de la renovación de un estanque en Washington.
Trump presentó la reapertura del Reflecting Pool, el espejo de agua que está frente al monumento, y contó detalles de las obras. Mostró fotos de cañerías dañadas, elogió el resultado y hasta bromeó con ponerle su nombre. Sí, campaña con agua incluida.
Mientras los candidatos republicanos buscaban los últimos votos en estados decisivos, el presidente se quedó en Washington para mostrar una obra pública. Venía de una gira intensa, con más de 25 actos en las últimas semanas, y todavía tenía previstas intervenciones telefónicas para empujar a sus postulantes.
Después sí fue al hueso: defendió su gestión, atacó a los demócratas y dijo que una derrota les complicaría los próximos dos años. Las encuestas, encima, lo ponen cuesta arriba y hasta marcan ventaja opositora en lugares como Texas y Kansas. ¿Campaña épica o estanque con demasiada prensa?

