Tras la última recategorización del Monotributo, ARCA puso la lupa sobre los números de cada contribuyente. Si ve que lo declarado no cierra con la actividad real, puede meter una recategorización de oficio. Y ahí el trámite deja de ser un simple papelito.
¿Qué mira? Acreditaciones bancarias, billeteras virtuales, facturación electrónica y consumos con tarjetas. También cruza gastos ligados a la actividad, información de alquileres y bienes registrados. Con todo eso arma el rompecabezas para ver si la categoría declarada va de la mano con el movimiento económico.
El punto sensible aparece cuando los gastos o ingresos detectados son más altos que lo informado. En ese caso, ARCA puede concluir que la persona debería estar en una categoría superior. Traducido al barrio: si los números no cierran, el organismo te mueve el piso.
La recategorización de oficio no solo puede dejar una cuota mensual más alta. También puede traer reclamos por diferencias adeudadas, con intereses acumulados, y hasta multas de hasta el 50% del impuesto integrado y de los aportes previsionales que correspondían.
Si la notificación llega al Domicilio Fiscal Electrónico, hay 15 días hábiles para apelar. El descargo se hace por Presentaciones Digitales y hay que adjuntar papeles que expliquen el origen de los movimientos observados. Porque, si hay que dar explicaciones, mejor llevar la carpeta bien armada, ¿no?

