El dique Potrerillos, en Mendoza, dejó una postal de esas que te hacen frenar un segundo. La bajante del embalse permitió ver desde la superficie la conocida “Virgen del Agua”, que suele pasar buena parte del año sumergida.
La imagen fue detectada por personas que hacían actividades náuticas en el lugar. Integrantes de un club de windsurf registraron el momento en fotos y videos, sorprendidos porque la figura quedó mucho más cerca de la superficie de lo habitual.
Pero ojo, la aparición tiene fecha de vencimiento. La estatua está en un punto fijo del embalse y su profundidad depende de cuánta agua haya acumulada; cuando el nivel sube, vuelve a quedar tapada.
En épocas de mayor cota, la figura puede estar a unos 20 metros de profundidad. Ahí la visita queda casi reservada para quienes se meten a bucear, porque desde arriba no hay milagro que la saque.
La historia de esta imagen también tiene su costado particular. Fue colocada por Marcelo Sliz y está hecha en resina plástica, con una bendición previa de un sacerdote del Santuario de Lourdes, en El Challao. Los buzos la adoptaron como propia y hasta le pusieron nombre. ¿Quién diría que el agua iba a jugar de reveladora?

