La cosa venía bastante aceitada, pero la Policía Federal Argentina les puso el freno en Buenos Aires y Tierra del Fuego. Hubo cuatro detenidos por una estructura narco dedicada a la producción y distribución de cocaína y drogas sintéticas.
En los allanamientos también apareció un laboratorio clandestino con prensas hidráulicas y cuños de marcación. O sea, no era una cocina improvisada: tenían todo armado para fabricar pastillas y seguir moviendo la mercadería.
La causa arrancó en octubre del año pasado, cuando más de treinta allanamientos ya habían desarmado otra parte de la banda. Ahí, según la pesquisa, la organización mandaba cocaína y drogas de diseño hacia España, Alemania y Bélgica por encomiendas o con “mulas”.
Después de esos operativos, los investigadores siguieron el hilo y detectaron una ramificación que almacenaba, distribuía y vendía estupefacientes en el país. Con datos migratorios, redes sociales y tareas de inteligencia, ubicaron a una red integrada por ciudadanos dominicanos y vinculada con prófugos de la causa.
La investigación también marcó movimiento en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el conurbano y Río Grande. En total, secuestraron 8.500 pastillas de MDMA, dinero en pesos, dólares y euros, armas, una camioneta y 17 celulares, además de insumos químicos y materiales de corte. ¿Y el laboratorio? Quedó desarmado, con cuños de delfín, Batman y marcas de ropa, una postal bastante lejos de cualquier taller legal.

