Una adolescente de 15 años denunció haber sufrido un abuso dentro de un colectivo de la Línea 60 de Coniferal, en la ciudad de Córdoba. La cosa no quedó ahí: el chofer activó el botón antipánico y cambió el rumbo para ir directo a una dependencia policial.
La joven se acercó llorando al conductor y señaló a un pasajero como el presunto autor. Según el relato, el hombre la habría manoseado durante el viaje, y ahí se armó el bardo que obligó a mover todo el operativo.
El chofer la mantuvo junto a él y puso en marcha el protocolo de emergencia. En vez de seguir como si nada, llevó la unidad hasta una comisaría para que la denuncia quedara en manos de la Policía.
Durante el trayecto, el hombre señalado empezó a gritar, a amenazar y a pedir que lo dejaran bajar. Cuando el colectivo llegó a la dependencia, logró escaparse, pero la fuga le duró poco.
Una patrulla motorizada salió a buscarlo, lo encontró y lo detuvo poco después. El caso ahora quedó en manos de la Justicia, que deberá determinar qué pasó en realidad y qué responsabilidad le cabe al detenido; ¿quién iba a pensar que un viaje común terminaba así?
