El 7,9% de la Población Económicamente Activa quedó sin trabajo en el segundo trimestre de 2026. En números redondos, eso pegó a 1,2 millones de personas en los 31 aglomerados urbanos que mide el Indec.
La cifra no se movió demasiado frente al mismo período de 2025 ni contra el trimestre anterior. Pero igual quedó como el registro más alto desde 2021, cuando el desempleo había trepado al 9,6%. O sea: el termómetro no explotó, pero sigue bien picante.
La otra cara del cuadro es el laburo que existe, pero viene flojo de papeles. La informalidad llegó al 45,0% de los ocupados, unas 6,10 millones de personas, y subió respecto del año pasado.
Ese deterioro pegó tanto en los que trabajan por su cuenta como en los asalariados. Entre los empleados, el 37,9% no tiene descuento jubilatorio; y entre los cuentapropistas informales, la tasa específica se fue al 65,8%. Así, el mercado laboral quedó con más gente buscando, más gente apretada y bastante menos aire.
El panorama también mostró presión por todos lados: subocupación, sobreocupación y gente que no afloja en la búsqueda de otro ingreso. Los jóvenes menores de 30 años siguen siendo los más complicados, con fuerte peso en el total de desocupados, mientras el interior del país también sintió el golpe. ¿Y después nos preguntamos por qué el bolsillo anda a los manotazos?

