La tragedia ferroviaria en Toledo, España, sumó otro golpe duro: encontraron sin vida a Agustín Randazzo, de 51 años. Estaba desaparecido desde el choque entre dos trenes de alta velocidad.
Randazzo viajaba en el octavo vagón, el sector más castigado por el impacto. Sus amigos y allegados venían moviendo cielo y tierra para saber dónde estaba, mientras crecía la angustia por la identificación de las víctimas.
Con esta confirmación, el hombre pasó a ser el segundo argentino muerto en el siniestro. Antes ya se había informado el fallecimiento de la sanjuanina Ana Martina Conte Grand, de 32 años.
Antes del desenlace, el diseñador Roberto Piazza, amigo de Randazzo, había contado la desesperación del entorno. Dijo que una amiga común lo llamó llorando para avisarle que había estado en el accidente y que no lograban ubicarlo.
Piazza también había cuestionado la falta de datos oficiales sobre su paradero y contó que, según le dijeron, recibió asistencia al costado de las vías. Ahora la historia cerró de la peor manera, con una búsqueda que terminó en noticia triste. ¿Quién puede quedarse tranquilo con semejante incertidumbre?

