La Casa Rosada dice que tiene con qué juntar los votos para el Presupuesto 2027. La apuesta está puesta en los gobernadores aliados y dialoguistas, porque sin ese empujón la cuenta no cierra tan fácil.
El proyecto entró este martes, minutos antes de la medianoche, a la Cámara de Diputados. En Nación quieren llevarlo al recinto en octubre, dentro de una sesión grande que mezcle varios temas de la agenda oficial.
“Los votos van a estar”, repiten cerca del Gobierno, con la tranquilidad de quien ya se ve contando porotos. El plan se apoya en acuerdos con mandatarios provinciales, el PRO, algunos radicales y bloques federales.
La idea es no encerrar la discusión y habilitar cambios para sumar respaldo, pero sin tocar el corazón del proyecto: el superávit fiscal. Cerca de las negociaciones aseguran que, si las cuentas públicas cierran, el Presupuesto debería pasar sin mayores sobresaltos. ¿Será tan simple?
Además, la Casa Rosada quiere meter en la misma charla los tironeos por Discapacidad y Universidades. En el Gobierno dicen que están dispuestos a discutir partidas y modificaciones, pero prefieren que todo quede atado al debate presupuestario y no por carriles separados.
En paralelo, siguen las charlas con los gobernadores por obras, transferencias y pedidos puntuales. Ya hubo concesiones en el texto, con proyectos viales, de agua y saneamiento para distintas provincias, entre ellas Mendoza y Entre Ríos, además de otras del norte y la Patagonia.
La jugada política también mira el clima electoral, porque una pelea larga con las provincias puede complicar otros proyectos. En el oficialismo saben que ahora toca aflojar un poco la tensión, acomodar los acuerdos y ver si el Presupuesto entra por la puerta grande o queda picando en el Congreso.

