Más de cinco millones de personas viven hoy en barrios populares de Argentina. Es la misma cantidad de gente que se juntó en el Obelisco cuando el país salió campeón mundial en 2022.
De ese total, 1.700.000 son niños, adolescentes y jóvenes. Y la postal, lejos de la fiesta, trae otra cosa: falta de agua potable, electricidad segura y calles que se vuelven un barrial cuando llueve.
La directora ejecutiva de Cáritas Argentina, Sofía Zadara, describió una vida atravesada por el hacinamiento, la comida que no siempre alcanza y el laburo que escasea. En ese combo, dijo, el narcotráfico encuentra lugar y la cosa se pone espesa.
También remarcó que en los barrios populares hay oficios, comedores, apoyo escolar y vecinos que sostienen la olla como pueden. Pero advirtió que hoy cuesta llegar a las cuatro comidas básicas, y que muchas familias se endeudan hasta para comer o comprar remedios.
Según explicó, 600 obras siguen frenadas y muchas tenían entre un 50% y un 60% de avance. Por eso, Cáritas y otras organizaciones empujan el proyecto de Emergencia en Barrios Populares, que pide destinar de forma progresiva el 0,0375% del PBI para urbanización e integración socio-urbana. ¿Hace falta decir más?

