El mundo jurídico argentino amaneció con una noticia pesada: murió Augusto César Belluscio, a los 96 años. Fue uno de esos nombres que quedaron pegados a la historia grande de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Belluscio entró al máximo tribunal en diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín lo designó en los primeros meses del regreso democrático. Se quedó hasta 2005 y, en ese recorrido, también ocupó la vicepresidencia del cuerpo.
Su paso por la Corte coincidió con causas de enorme peso institucional, económico y social. Entre ellas, integró la mayoría que en 2004 convalidó la pesificación de los depósitos bancarios, en medio de la resaca de la crisis de 2001.
Pero Belluscio no fue solo juez de tribunal grande. También tuvo una trayectoria fuerte en el Derecho Civil y de Familia, con trabajo académico, publicaciones y dirección de obras de referencia, como la edición comentada y concordada del Código Civil. O sea, no anduvo de paseo por el derecho.
Después de dejar la Corte, siguió ligado a la docencia universitaria, la investigación y la actividad académica. Se va una figura que atravesó más de dos décadas de la Justicia argentina y dejó huella en tiempos bien movidos, ¿qué otra cosa podía pasar con semejante recorrido?

