Un gallo puede parecer cosa de patio y maíz, pero este se fue para arriba como tiro: lo vendieron por $3.020.000. La escena pasó en la Expo de la Sociedad Rural de Bolívar, en la provincia de Buenos Aires.
El protagonista fue un Plymouth Rock Barrada, al que en el campo le dicen “bataraz”, de la cabaña Sussex Gallinas, de Santa Rosa, La Pampa. Con ese martillazo, quedó como el ejemplar más caro registrado en una exposición avícola argentina.
El número no salió de la galera: el récord anterior era de $580.000, conseguido en 2025 en Bahía Blanca. O sea, este bicho salió más de cinco veces arriba, y no por capricho del comprador.
La clave está en la genética. Quien puso esa plata no compró un gallo para la olla, sino un posible reproductor de alto valor, capaz de dejar crías con características buscadas por los criadores.
En este rubro, el precio no lo manda el tamaño ni el plumaje nomás. Lo manda lo que puede producir después, y ahí el bataraz se ganó el boleto grande. ¿Quién iba a decir que un gallo iba a hacer tanto ruido en la pista?

