El Gobierno prohibió la importación, fabricación, comercialización y almacenamiento en todo el país de unos juguetes blandos que venían dando vueltas en el mercado. Son los conocidos como “squishy” o “squeeze toy”, y la cosa no quedó en un simple aviso: los sacaron de circulación.
La medida quedó firme con la Disposición 690/2026 de la Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial, publicada este lunes en el Boletín Oficial. En la mira quedaron modelos con forma de gyoza, dumpling o similares, incluso versiones genéricas sin marca declarada.
¿El motivo? El Gobierno dijo que recibió denuncias y antecedentes sobre juguetes importados que podrían tener benceno, ftalatos u otros químicos tóxicos por encima de lo permitido. Traducido al barrio: un juguete que parecía inofensivo podía traer un problema bastante más serio debajo del envoltorio.
La norma cita una alerta del Reino Unido y advierte que el benceno puede absorberse por la piel durante el uso normal. También señala que esas sustancias podrían resultar cancerígenas o mutagénicas, además de irritar piel, ojos y garganta.
La disposición ordena destruir o desechar de manera segura e inmediata los productos que estén en manos de importadores, fabricantes o comerciantes, salvo que tengan certificación que asegure su inocuidad. Y si alguien los vende por web, tiene 72 horas hábiles para avisarlo bien visible. ¿Quién se iba a imaginar que un juguete tan blandito podía traer semejante bardo?

