A raíz del episodio que sufrió Jesús de Miguel, jugador del Tenerife, la Federación Argentina de Cardiología recordó que un golpe en el pecho no se toma a la ligera. Puede terminar en un paro cardíaco, y ahí no hay tiempo para hacerse el distraído.
Una de las posibilidades es la commotio cordis, una conmoción cardíaca poco frecuente. Pasa cuando el impacto cae justo en un momento sensible del corazón y dispara una arritmia que corta el bombeo de sangre.
Ojo: no todo paro después de un golpe es lo mismo. También puede haber contusión del músculo cardíaco, lesiones en válvulas o paredes del corazón, o sangre acumulada alrededor que complique el funcionamiento. Para saber qué pasó de verdad, hace falta evaluación médica específica.
La otra alarma grande es el cerebro. Cuando el corazón deja de bombear, el cerebro se queda sin sangre ni oxígeno, y puede aparecer una lesión neurológica por falta de circulación. Cuanto más se demora la ayuda, más se complica el panorama.
Por eso la receta es clara: si la persona no responde y no respira normal, hay que hacer RCP y usar un desfibrilador apenas aparezca. Sin vueltas, sin perder segundos, porque en estas situaciones el que se pone las pilas primero puede marcar la diferencia. ¿Qué otra cosa importa más que llegar a tiempo?

