La Universidad Católica Argentina (UCA) volvió a encender una luz amarilla sobre el mercado laboral y el diagnóstico no es para nada alentador. Según el informe, la desocupación ya no alcanza para explicar lo que pasa con el trabajo en el país, porque el problema de fondo es otro: cada vez hay más gente ocupada, pero en puestos más frágiles, informales y con menos protección. Dicho en criollo, no falta tanto laburo como antes, pero sí sobra precariedad.
El estudio señala que el Gobierno apuesta a que una reforma laboral ayude a ordenar el panorama, aunque eso, por sí solo, no alcanzaría. La mejora del empleo, advierten los investigadores, depende de que la economía genere actividad productiva de verdad y no solo ocupaciones de subsistencia. En ese esquema, provincias como Río Negro y Neuquén muestran mejores números por la minería y la energía, pero ese impulso no alcanza para tapar la caída del empleo de calidad a nivel nacional.
Los autores del trabajo, Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, remarcan que el deterioro no se ve en una explosión de desempleo como en otras crisis, sino en una degradación silenciosa del trabajo. La economía fue incorporando personas, sí, pero sobre todo en el sector micro informal y en el autoempleo, que muchas veces funciona más como una salida de emergencia que como un proyecto real. La frase que resume el cuadro es clara: el problema no es solo crecer poco, sino no poder transformar ese crecimiento en empleo protegido.
Los números son duros. En 2025, el 45% de los trabajadores está en puestos precarios, cuando en 2010 era el 42,6%. Entre quienes trabajan en el sector micro informal, la incidencia trepa al 66,5%, y entre los asalariados informales llega al 81,1%. Incluso el empleo privado formal muestra señales de desgaste, con una proporción de puestos precarios que subió al 29,1%. A eso se suma que el 48,3% de los ocupados está hoy en el sector micro informal, mientras que el empleo público bajó del 20,1% al 16,7%.
La UCA también advierte que el cuentapropismo gana terreno y ya representa el 31,7% del empleo urbano total. Para el informe, eso habla más de estrategias para zafar que de verdadero emprendedurismo. Y hay otro dato que preocupa: cada vez más personas que quedan sin trabajo terminan en el autoempleo informal, que pasó del 24,1% al 29,5% como salida desde la desocupación. En paralelo, también creció el paso desde empleos formales hacia actividades por cuenta propia. Mientras no aparezcan trabajos registrados, estables y con mejores ingresos, la foto laboral seguirá mostrando lo mismo: más ocupación, pero con menos futuro.

