Después de la audiencia de formalización, la causa por el femicidio de Camila Agustina Vechiarello tomó otro envión. El fiscal Adolfo Díaz salió a ponerle nombre y apellido a lo que, para la Fiscalía, ya no cierra por ningún lado.
Según explicó, la autopsia y el trabajo del equipo forense detectaron 10 lesiones en la víctima. Dos de ellas fueron mortales y estaban en ambos lados del cuello, un dato que deja poco margen para la novela que intentó instalar Gonzalo Rivero.
El imputado había dicho que las heridas podían haber sido provocadas por ella misma. Pero Díaz fue claro: las lesiones de Camila fueron provocadas, y las de Rivero fueron autoinfligidas, además de muy leves.
La investigación quedó encuadrada como homicidio doblemente agravado, por el vínculo y por violencia de género. Con esa calificación sobre la mesa, la pena que buscará el Ministerio Público Fiscal es la prisión perpetua, si la acusación se sostiene hasta el final del proceso.
En la reconstrucción de las horas previas, la Fiscalía ubicó el hecho cerca de la 1:30 del domingo, después de que la pareja ingresara al departamento la noche del sábado. También se analiza que Rivero habría permanecido unas 12 horas junto al cuerpo antes de que todo saliera a la luz al mediodía. Flor de silencio, ¿no?
Además, el fiscal confirmó que un estudio de orina determinó que Camila estaba embarazada. Por ahora, no se puede establecer si Rivero lo sabía ni si eso tuvo relación con el caso. La Justicia, mientras tanto, ya dictó un año de prisión preventiva y otro año para la investigación penal preparatoria.

