A fin de este año empieza a correr el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), una de las piezas de la reforma laboral. La idea es armar un fondo por empleador donde se depositará parte de las cargas patronales.
El esquema es obligatorio y le pone una cuota mensual a cada empresa. Para las grandes, el aporte será del 1%; para las PyMEs, del 2,5% sobre la masa salarial.
La movida arranca formalmente en noviembre, pero el dinero quedará quietito durante seis meses. Recién en mayo de 2027 podrá usarse para afrontar indemnizaciones, así que no es plata de bolsillo rápido.
Acá aparece la parte más movida del asunto: el fondo podrá ser administrado por bancos o sociedades de bolsa. La empresa elegirá entre un Fondo Común de Inversión o un Fideicomiso Financiero, siempre con autorización de la CNV.
En el mercado ya dan por hecho que las grandes empresas y multinacionales se inclinarán por los fideicomisos, mientras que las PyMEs irían por los fondos comunes. Y ojo con el menú de inversiones: se podrá poner plata en títulos públicos nacionales, provinciales y de CABA, además de plazos fijos y obligaciones negociables.
La deuda del Estado tiene la puerta más abierta y, según especialistas, eso podría llevar hasta US$ 4.000 millones a esos papeles. Mientras tanto, la CNV abrió una consulta pública desde el 13 de agosto y hasta el 2 de septiembre, para que los interesados manden sus opiniones. ¿Quedará todo afinado antes de que arranque la rueda?

