El FMI volvió a poner la lupa sobre los subsidios a las tarifas energéticas y a los combustibles. Para el organismo, esa receta sale cara y no siempre llega a quien más la necesita.
En cambio, planteó que los gobiernos usen transferencias de ingresos temporales y focalizadas. La idea, según su informe, es cuidar a los hogares más vulnerables sin tirar plata a lo pavote.
La postura apareció en el capítulo 2 del informe de Perspectivas Económicas Mundiales, el famoso WEO. Ahí el Fondo analizó qué pasa cuando suben los alimentos y la energía, y cómo responden los Estados frente al golpe al bolsillo.
El organismo sostuvo que las medidas generalizadas de contención de precios son ineficientes. También marcó que, en muchos casos, los subsidios terminan beneficiando más a los hogares de mayores ingresos que a los más pobres.
Según el informe, menos de 20 centavos de cada euro destinado a subsidiar electricidad, gas natural y gasolina llegan al 20% más pobre. Y en combustibles, el quintil de mayores ingresos se lleva alrededor de 40 centavos por cada euro. O sea: la ayuda muchas veces queda picando en otro lado.
El Fondo también advirtió que el costo fiscal pesa más cuando el margen presupuestario es chico. En ese escenario, las mejoras que dan los subsidios al principio pueden terminar tapadas después por más deuda y por el ajuste para bancarlos.
En Argentina, la discusión cae en medio de una fuerte recomposición de tarifas. Según el Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-Conicet), en el AMBA la canasta de servicios públicos subió 867% entre diciembre de 2023 y septiembre de 2026, y un hogar promedio sin subsidios destinó $268.405 en septiembre. ¿Quién se anima a mirar la boleta sin hacer cuentas rápidas?
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