El Gobierno nacional quiere mover el expediente del llamado Súper RIGI en el Senado, pero el tema viene trabado feo. En Economía, con Luis Caputo al frente, miran cómo aflojar la tensión antes de que se cierre el período ordinario.
La idea es seducir inversiones por encima de los USD 1.000 millones en sectores estratégicos. El problema apareció cuando 3 senadores pidieron cambios para que los beneficios no terminen empujando compras afuera, dejando a los proveedores locales mirando desde la tribuna.
El planteo lo empujaron el radical Maximiliano Abad, el peronista no kirchnerista Carlos Espínola y el jefe del bloque del PRO, Martín Goerling. Quieren reglas más claras para definir cuándo una empresa argentina compite en igualdad de condiciones con una del exterior.
Uno de los cambios propone que una oferta nacional sea válida si no supera en más de un 15% a una importada, siempre que ambas cumplan con la misma calidad, cantidad, especificaciones técnicas y plazos de entrega. También piden que la autoridad consulte a entidades empresariales antes de cerrar que no hay oferta local suficiente.
El texto también suma otras discusiones, como el incentivo del 20% para comprar bienes nacionales y las condiciones para conectar nuevos proyectos al sistema eléctrico. Por ahora no hay definición y, si el Senado toca algo, el proyecto deberá volver a Diputados. ¿Lograrán acomodar las piezas antes de que se les pase el tren?

