El Senado nacional volvió a dejar en claro que no se mueve al ritmo que quiere el Gobierno. Con apenas 7 senadores propios, La Libertad Avanza sigue dependiendo de aliados que prestan los votos, pero no regalan nada.
La cosa ya se vio antes, cuando la ley Bases pasó con cambios y el DNU 70/23 fue rechazado. Ahora, la reforma electoral volvió a quedar en la cuerda floja, sobre todo por el intento de eliminar o suspender las PASO.
En los pasillos legislativos dicen que los números no cierran. Patricia Bullrich ya habría admitido que “los votos no están”, mientras Diego Santilli insiste en que sí los tiene. Pero en el Senado nadie se quiere apurar, porque acá cada apoyo tiene precio y nadie firma a ciegas.
Además, la propia Cámara alta sigue con sus mañas de siempre: no aplaudir, respetar los tiempos de dictamen y no improvisar textos sobre la marcha. Esa costumbre chocó de frente con el apuro oficialista, que quiere sacar reformas a las apuradas y después ver qué pasa.
La próxima parada fuerte sería el 25 de noviembre, cuando Santilli dará su primer informe como jefe de Gabinete. Y al día siguiente podrían tratar la inviolabilidad de la propiedad privada, mientras la reforma electoral sigue quedando picando. ¿Habrá milagro o el Senado les seguirá marcando la cancha?

