Por ahora, los libros siguen con la misma regla en todo el país: la Ley de Precio Fijo no se va a discutir en el Congreso. Así lo confirmó Javier Milei, en medio de una polémica que venía creciendo fuerte entre libreros, editores y lectores.
La medida había generado preocupación porque apuntaba a cambiar una norma clave para el rubro. Desde el ministerio de Desregulación, que conduce Federico Sturzenegger, se había impulsado una propuesta para sacar el precio fijo y permitir que cada comercio venda los ejemplares al valor que quiera. La idea, según se planteó, era abrir la competencia y bajar los precios.
Pero la discusión quedó en pausa. El propio presidente dijo que el proyecto “no entró ni va a entrar” al Congreso, y negó que haya internas en el equipo de gobierno por este tema. Según explicó, la agenda legislativa se define en la mesa política y hay “perfecta consonancia” en la decisión.
Antes de esa definición, Patricia Bullrich ya había adelantado que el oficialismo prefiere concentrarse en “medidas más estructurales”, dejando afuera de la prioridad a las farmacias y las librerías. Desde el entorno de Sturzenegger, igual, aclararon que no hay nada cerrado del todo, aunque hoy la norma no figura en ningún proyecto para debatir.
En el sector del libro, el freno se leyó como un alivio. La propuesta había despertado un rechazo fuerte entre libreros y editores, que temían que los más chicos quedaran en desventaja frente a grandes cadenas, supermercados o plataformas de venta online. También se mencionó el caso de Inglaterra, donde la desregulación terminó con el cierre de 500 librerías, según expusieron referentes del sector.
La discusión no pasa solo por los números. Para muchas comunidades, la librería del barrio no es únicamente un comercio: es un lugar de encuentro, de recomendación y de promoción de la lectura. En ese sentido, desde la Fundación El Libro remarcaron que estos espacios cumplen una función cultural que va mucho más allá de la venta.
En paralelo, hubo voces que admitieron que la ley actual quedó vieja frente a los cambios tecnológicos y de consumo. Víctor Malumián, de la editorial Godot, planteó que la norma podría actualizarse, aunque sin avanzar con una desregulación total. En la misma línea, Christian Rainone subrayó que las librerías siguen siendo parte de la vida cultural de las comunidades donde funcionan.
Por ahora, entonces, nada cambia: la Ley de Precio Fijo sigue vigente. Y para quienes trabajan en las librerías, también para los lectores de a pie, eso significa que el precio de los libros se mantiene sin modificaciones, al menos por ahora.

