En lugar de tratar los méritos de dichas causales, de los hechos y las pruebas que motivan la denuncia en su contra, se centran en intentar desacreditar a mi persona.
En lugar de analizar la lógica, la evidencia y la coherencia de los hechos que motivan mi denuncia ante el Jurado de Enjuiciamiento, intentan desviar la atención hacia aspectos irrelevantes y falaces que exponen sobre mi persona y mi actuación profesional como abogado.
Intentan desacreditarme con el objetivo de invalidar mi denuncia.
Es importante destacar que los ataques hacia mi persona y actuación profesional no refutan ni desvirtúan los argumentos expuestos en mi denuncia ante el Jurado de Enjuiciamiento.
Incluso lo que dicen sobre mi actuación profesional resulta totalmente falso y difamatorio: pero lo concreto y cierto es que su estrategia defensiva no invalida los argumentos y pruebas que sostienen la denuncia.
Vale reiterar; en lugar de abordar los argumentos o evidencias presentados por mi parte ante el Jurado de Enjuiciamiento, los jueces denunciados intentan desacreditarme, continuando con sus engaños.
El mentiroso no miente solo una vez. Miente tantas veces como sea necesario para proteger la primera mentira.
De tal manera, las mentiras que estos jueces han expuesto en sus sentencias y que han dado lugar a la denuncia contra los mismos, no resultan un evento aislado.
El juez que construye una sentencia sobre el engaño no puede salir de dicho engaño con honestidad porque la honestidad derrumbaría todo lo que construyó encima.
Los jueces denunciados mienten en forma sistemática. – Ya no pueden decir la verdad.
Estos jueces saben que están expresando, diciendo lo contrario de lo que piensan, algo distinto de lo que saben qué es lo real; creando un laberinto con la clara intención de engañar; destruyendo así, la confianza de la comunidad en la institución judicial; haciendo que, para muchos, la verdad ya no tenga importancia.
La realidad es que, el Oficial de justicia declaró que la cédula de notificación de la demanda, fue dejada en la ventana de la garita de entrada al barrio, debajo de una piedra, y que no fue recibida por nadie; mientras que los jueces denunciados, resuelven que la notificación es válida, afirmando falsamente que, “el propio director de la sociedad terminó recibiendo la comunicación”.
Y, así, no obstante la contundencia de la falsedad, el Ministerio Público Fiscal de San Juan, considera que no se configura el delito de prevaricato previsto en el artículos 269 del Código Penal (dictar sentencia fundada en hechos falsos), diciendo los fiscales, que se trata de una cuestión de interpretación; siendo que lo que dicen que se interpreta, no coincide con la realidad; inventan; en definitiva, la sentencia aparece fundada en hechos falsos; con lo que, de tal manera, se consagra la impunidad absoluta de la mentira judicial.
Se sigue, así, el estilo basado en la mentira y en la manipulación.
Mentira y manipulación que la hacen con total naturalidad porque se sientes superiores; con sentido de impunidad o inmunidad; contando - seguramente - con cierta protección superior, sometiendo la justicia a sus oscuros designios.

