La postal en Córdoba dejó tela para cortar. Martín Llaryora fue a la misa por el octavo aniversario de la muerte de José Manuel de la Sota y terminó compartiendo escena con Natalia de la Sota.
La ceremonia fue sobria, pero el clima político venía cargado desde antes. La diputada largó una frase filosa contra las políticas de Javier Milei y marcó distancia con el rumbo nacional, mientras el gobernador escuchaba desde la primera fila.
El gesto no cayó de la nada. La semana pasada, Llaryora ya había estado en el acto que organizó Candelaria, la hija mayor del exgobernador, en un hotel porteño donde también aparecieron Juan Schiaretti, Sergio Massa, Jorge Brito, Juan Manuel Olmos y Carlos Bianco.
En la misa cordobesa, además de Llaryora, estuvieron el jefe de Gabinete, Manuel Calvo, y el ministro de Comunicaciones, Daniel Pastore. Para el peronismo de esa provincia, la foto vale más que mil discursos y deja picando una pregunta: ¿fue simple homenaje o un acercamiento con calculadora en mano?
El dato político es claro: Natalia de la Sota viene con críticas al Gobierno nacional y con heridas previas dentro del cordobesismo. Y cuando dos espacios que venían medio cruzados se sientan en la misma misa, algo se mueve, ¿o no?

