Javier Milei sacudió la Quinta de Olivos y echó a casi todo el personal civil. En su lugar, metió personal de las Fuerzas Armadas para cubrir tareas de cocina y servicio.
La explicación oficial habla de cambios en la seguridad presidencial, pero la novela viene con más condimento. La decisión cayó después de la filtración de una compra de 29 toneladas de carne por más de 500 millones de pesos.
Según fuentes citadas por LPO, el Presidente se calentó fuerte por esa publicación y ordenó correr a buena parte del equipo. También se habría indignado por la intoxicación de uno de sus perros, que fue atendido en una guardia veterinaria montada en la residencia.
En medio del bardo, hasta el jardinero quedó afuera. Solo siguieron el electricista y otros cuatro civiles, mientras el resto fue reemplazado por militares; entre ellos, un teniente que quedó como cocinero, según una versión que circuló en Casa Rosada.
El movimiento también salpicó a Karina Milei y a Belén Agudiez, señaladas en una trama de contrataciones y una licitación por 700 millones de pesos para mantenimiento y jardinería. La diputada Marcela Pagano denunció que el proceso habría favorecido a Franco Castelli, aunque todo eso sigue en el terreno de las acusaciones. ¿Quién diría que en Olivos la cocina, el jardín y la política iban a terminar en la misma olla?

