Por primera vez se habló en serio de 2027 en Olivos. Javier Milei le ofreció a Patricia Bullrich ser su candidata a vicepresidenta y la senadora dijo que sí, aunque con condiciones.
La charla dejó una foto política bien clara: el Presidente quiere una lealtad sin fisuras, y la exministra no quiere quedar de adorno. En criollo, nadie quiere poner la firma para después quedar pagando.
Según fuentes oficiales, Bullrich pidió no convertirse en una figura decorativa. Quiere margen para opinar, discutir decisiones y construir poder propio, sin resignar su autonomía dentro de La Libertad Avanza.
Del otro lado, en la Casa Rosada buscan que deje de marcar diferencias públicas con el Gobierno. También miran de reojo sus frases sobre que “el proyecto debe ser reelegido”, porque en Balcarce 50 leyeron ahí una señal de independencia política.
La reunión del viernes 9 de octubre duró más de dos horas y sirvió para bajar un poco la espuma. Pero la discusión sigue abierta: si la fórmula avanza, Bullrich quiere recorrer el país, hablar con gobernadores y participar de las decisiones grandes.
En el oficialismo también aparece un plan B, por si la relación se enfría. Sandra Pettovello y Martín Menem asoman como alternativas, mientras la pelea por las PASO y los acuerdos con el PRO también meten ruido en la cocina electoral.
Por ahora, la fórmula Milei-Bullrich quedó sobre la mesa. El problema es el de siempre: una cosa es el abrazo para la foto y otra bastante distinta es sentarse a gobernar juntos, ¿no?

