De golpe, Sea Lion volvió a sonar fuerte en la charla política. Y no es para menos: se trata de un proyecto petrolero offshore ubicado a unos 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas.
El yacimiento fue descubierto en 2010 por la británica Rockhopper Exploration, en aguas de entre 450 y 500 metros de profundidad. El dato no es menor: las estimaciones hablan de cientos de millones de barriles recuperables, con cálculos que estiran el potencial hasta 1.700 millones.
Hoy el negocio está en manos de Navitas Petroleum, con el 65%, y de Rockhopper Exploration, con el 35%. Tras años de demoras por la plata y la caída del precio internacional del petróleo, las empresas avanzaron con la decisión final de inversión.
Ahí se arma el bardo de fondo. La Argentina sostiene que explorar y explotar Sea Lion viola sus derechos soberanos sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Cada paso del proyecto fue rechazado por distintos gobiernos argentinos ante organismos internacionales.
El tema también viene dejando huella en el Congreso: hay 10 proyectos presentados sobre este caso. Y con el discurso de Javier Milei de este jueves, el asunto quedó otra vez en el tapete, como esos temas que nunca terminan de apagarse del todo, ¿no?

